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🦄 ¿Por Qué lo Haces? - Penguin
El camino del emprendedor
La escena dura unos segundos.
Un pingüino se separa de su colonia y camina solo, 70km, tierra adentro, hacia las montañas de la Antártida.

Para ver el video busca “Penguin“ en X
No hay comida ahí.
No hay refugio.
No hay “plan B”.
Y aun así sigue.
En el documental lo intentan “corregir”. Lo devuelven con los suyos. Vuelve a girarse. Vuelve a irse. Como si algo dentro tuviera más fuerza que la lógica, que la biología, que la seguridad.
Por eso se hizo viral.
Porque, si eres emprendedor (de verdad), esa escena no te parece rara.
Te parece familiar.
La parte que casi nadie dice en voz alta es esta:
Si realmente quieres algo grande, no te queda otra que ser ese pingüino.
No “a ratos”.
No “cuando me apetezca”.
No “hasta que me critiquen”.
Ese pingüino.
Y eso tiene un precio.

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El mayor error al empezar no es fallar. Es seguir siendo la misma persona.
La mayoría de gente se marca objetivos como si fueran una lista de tareas.
“Voy a montar el negocio.”
“Voy a ponerme en forma.”
“Voy a publicar contenido.”
“Voy a facturar X.”
Y durante dos semanas lo hacen.
Luego vuelven a lo de siempre, con una excusa elegante: falta de disciplina, falta de tiempo, mala suerte, mal momento.
Pero la verdad es más simple y más incómoda:
No estás donde quieres estar porque aún no eres la persona que viviría ahí.
La vida que dices querer exige una identidad distinta.
Y esa identidad se construye antes de que lleguen los resultados.
El fundador que escala no “se obliga” a vender, a ejecutar, a liderar.
El atleta no “se fuerza” a cuidarse.
El creador no “hace un esfuerzo” por publicar.
No porque sean especiales, sino porque no conciben vivir de otra manera.
Puedes intentar construir un proyecto enorme con una identidad pequeña.
Pero es como levantar un rascacielos sobre arena mojada.
Aguanta un rato. Hasta que no.
“Pero ¿por qué?”: la pregunta que te coloca fuera de la manada
El meme dice “But why?” porque eso es lo que pregunta el mundo cuando dejas el camino común.
¿Por qué no estás haciendo lo que hacen todos?
¿Por qué no eliges lo seguro?
¿Por qué te complicas?
¿Por qué te expones?
La manada te exige coherencia con su mapa.
Tu visión te exige coherencia con el territorio real.
El emprendedor empieza con una ruptura silenciosa:
Dejas de vivir bajo objetivos heredados.
Trabajo “estable”.
Carrera “seria”.
Opinión “prudente”.
Ruta “correcta”.
La manada no te odia. Te quiere dentro.
Es su forma de sentirse segura.
Pero si tu ambición es real, habrá un momento en el que la seguridad te empiece a parecer una cárcel.
Y ahí nace el pingüino.
No todo el que se separa es valiente. Algunos están huyendo.
Esta es la parte que separa al fundador del personaje.
Separarte de la manada puede ser dos cosas:
Una decisión estratégica.
Una huida disfrazada.
Hay gente que se va “por libertad” pero en realidad se va para evitar responsabilidad.
Gente que se va “porque nadie le entiende” pero en realidad no ha ejecutado nada.
Gente que se va “porque el sistema está mal” pero en realidad le da miedo medirse.
Por eso, el “But why?” no es una crítica.
Es un filtro.
La pregunta correcta no es “¿me estoy separando?”
La pregunta correcta es:
¿Estoy caminando hacia algo… o lejos de algo?
Si no tienes un “hacia”, lo que queda es ego.
Y el ego no construye empresas. Construye excusas.
La única ventaja real: iterar más rápido que tu miedo
Emprender no es acertar.
Es dirigir.
Objetivo. Acción. Resultado. Ajuste. Repetición.
Y aquí viene la frase que te pone contra la pared:
Si supieses que estás a 29 fallos de dar con lo que funciona…
¿a qué velocidad fallarías?
La mayoría falla lento porque se lo toma como un juicio personal.
Lanzan tarde.
Miden poco.
Cambian tarde.
Y cuando algo no funciona, lo convierten en una identidad: “no valgo”, “no era para mí”.
Pero el mercado no está opinando sobre ti.
Está devolviéndote feedback.
El pingüino inteligente no es el que “aguanta más”.
Es el que se mueve, observa, corrige y vuelve a moverse sin drama.
Si quieres algo grande, cambia una cosa:
Deja de preguntar “¿y si sale mal?”
Y empieza a preguntarte:
“¿Cómo fallo más rápido y más barato para acercarme antes a lo que sí funciona?”
Ese es el juego real.
El final emocional que nadie te cuenta
Ese pingüino no se separa porque odie a los demás.
Se separa porque, en algún punto, seguir a la manada deja de ser una opción interna.
Y eso es lo que te va a pasar si tu ambición es real.
Vas a decepcionar a gente buena.
Vas a parecer arrogante, raro o imprudente.
Vas a tener días donde te preguntes si estás construyendo futuro o cavando tu propia tumba.
Pero hay una ventaja enorme:
La vida que quieres no está al final del camino.
Está en el tipo de persona que tienes que ser para caminarlo.
Cuando eso cambia, lo demás se ordena.
Así que si últimamente te sientes fuera de lugar…
Si te pesa encajar.
Si la seguridad te sabe a poco.
No es un problema.
Es una señal.
Puede que te esté empezando a pasar lo único que, de verdad, precede a algo grande:
Te estás convirtiendo en el pingüino.
Y ahora solo queda una pregunta.
La única que importa.
¿Vas a caminar… o vas a volver con la manada?
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Gracias por leer
Alek.


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